12.6.10

Musa

_El charco pierde su tan ansiada tranquilidad al ser tremendamente golpeado por la bota que, en seguida, se aleja para dejarlo de nuevo en paz. En realidad, para la persona que molesta, toda la ciudad es un gran charco, una enorme inundación por la que es muy difícil pasar. Y crece. Apurada, la persona acelera el paso y cruza las calles como puede, ya con el agua en la cintura. En las ventanas de los edificios de oficinas, la gente asomada por las ventanas llora, aumentando el nivel del agua que bajo un inofensivo cielo de estrellas sigue mojando a la persona. En una esquina imagina un bote al que se sube. Remando con sus manos, no puede convencer a nadie de acompañarla, ni siquiera de creerle. Ocupados en dinero, cigarrillos, política, peleas, oficinas y prostitutas, los que lloran no ven a nadie y siguen inundando la ciudad. Sin embargo, puede sobrevivir.

_La puerta esta abierta, deja el bote a la deriva y sube empapada y chorreando los escalones. Un piso, dos, tres. Empuja la puerta entornada y susurra un tímido permiso, que le es concedido en silencio, y entra escuchando a la pareja discutir en torno de dos máquinas de escribir. Los mira un instante, hasta que vuelven a lo suyo. Se saca el impermeable y las botas, y mientras la ropa se seca, el agua sube y la pareja se sumerge en la pasión del cuarto de al lado, la persona arranca una hoja de cualquiera de las máquinas, y lee.

_Tecleo insistente, ideas ¿te parece bien?

es lo que va y viene, vuela y se queda

en esta mesa que nos separa, que nosotros

algunas noches hacemos tan grande.

Enfrentados y separados por la madera,

unidos por el aire que se mezcla,

inhalaciones, exhalaciones,

en la hoja, en letras todas y todas

cada una igual a sí misma,

igual al aire, igual a mí.

Hay firmes pasos en la lluvia,

absortos como estamos, no se oyen

y las paredes

que nos estrechan la realidad,

las paredes,

no nos dejan sentirlos, no se oyen.

Pero ahí están, empedernidos

en irrumpir.


_Y, claro, el agua ya le llega al cuello.

8.6.10

Dippold, el óptico

_Qué ve ahora?
Esferas en rojo, amarillo, púrpura.
¡Un momento! ¿Y ahora?
Mi padre y mi madre y mis hermanas.
¡Sí! ¿Y ahora?
Caballeros en armas, hermosas mujeres, rostros gentiles.
Pruebe ésta.
Un campo de grano; una ciudad.
¡Muy bien! ¿Y ahora?
Una joven y ángeles inclinados sobre ella.
¡Una lente más fuerte! ¿Y ahora?
Muchas mujeres de ojos vivos y labios abiertos.
Probad ésta.
Sólo una copa sobre la mesa.
¡Oh, comprendo! ¡Probad esta lente!
Sólo un espacio vacío; no veo nada en particular.
¡Bien, ahora!
Pinos, un lago, un cielo de verano.
Esta va mejor. ¿Y ahora?
Un libro.
Leáme una página.
No puedo. Mis ojos son desplazados más allá de la página.
Pruebe esta lente.
Abismos de aire.
¡Excelente! ¿Y ahora?
Luz, sólo luz, transformando todo el mundo en un juguete.
Muy bien, haremos los anteojos así.

Edgar Lee Masters

Original: What do you see now? / Globes of red, yellow, purple. / Just a moment! And now? / My father and mother and sisters. / Yes! And now? / Knights at arms, beautiful women, kind faces. / Try this. / A field of grain—a city. / Very good! And now? / A young woman with angels bending over her. A heavier lens! And now? / Many women with bright eyes and open lips. / Try this. / Just a goblet on a table. / Pine trees, a lake, a summer sky. / That’s better. And now? / A book. / Read a page for me. / I can’t. My eyes are carried beyond the page. / Try this lens. / Depths of air. / Excellent! And now? / Light, just light, making everything below it a toy world. / Very well, we’ll make the glasses accordingly.

5.6.10

Prólogo ansioso

Es imposible entender,

vacío mi mente en palabras

que leés vos y leo yo.

Y acá están, para nosotros

hasta que se acaben. Dejo,

y ya sin manos, mis ojos

libres dominan el universo

que me encierra. No hay más nada,

simple teoría del todo

descubierta en un instante,

sorprendida en un segundo

que ya ni siquiera existe.

Todo igual, todo presente,

todo constante,

igual

igual

.

Sólo yo y sólo mis palabras

estamos acá por vos, para vos.

Después solo hay monotonía.