21.9.15

Miramos la circunferencia del Sol,
pero del Sol que nos mira,
que brilla adentro nuestro, que cae,
y que en cada una de nuestras idas
nos espera en un lugar distinto.

Esa vez nos quedamos abrazados
en la parte húmeda de la playa
y uno de esos soles se ponía justo enfrente nuestro,
en la conjunción de nuestras líneas,
y nuestro vértigo era equivalente
a la velocidad con que el cielo se movía.

Afuera del balcón hay fiestas minúsculas 
descontroladas en la oscuridad de sus cuartos,
mientras yo me estiro en la escapada de la luz
que me envuelve a mis espaldas.
Es como estar en la pileta, en el fondo,
llevando la cara al mundo arrugado,
al plan de las vidas que se mueven,
es como buscar una salida
y que la mañana parezca lejana,
lejana hacia atrás, hacia arriba,
lejos para todos

1.9.14

Salgo a dar vueltas. Nos vemos,
llevo las llaves del comedor,
por las dudas. No sea cosa que me vean,
que me agarren triste e indefenso,
solo solo caminando por ahí,
merodeando mis silencios intranquilos
en viajes cada vez mucho más
largos.

Camino para caminar, no pienso
en los lugares que paso por pasar,
sólo resbalo imaginando
minucias verdaderas,
gigantescas.

En la casa se preguntan seguro
que es de mí ahora que llueve
cada vez más, cada vez más lejos.
Se preguntan dónde estoy, si vuelvo
seco o mojado, o si en una de esas
no vuelvo o vuelvo otro.

En fin, quién soy en esta calle mojada
es algo que no sé y se mezcla con el barro.
La tierra no contesta y mi vieja
ya no me parió.

Hola cielo, gracias por esta vueltita,
este barro voraz que me ahoga como el mar
y me envuelve en su calor,
me amputa las lágrimas de esta mañana,
me entierra me quema revuelve

y vuelvo a brotar.

16.3.14

Si mañana,
ponele, esta vida me sale mal
y me quedo dormido despertando
para escuchar la canción de emociones
cantada por profetas enchastrados,
si mañana
te dejo un testamento de alquitrán,
va a estar hecho todo de horas ciegas.

Estas cuatro paredes me pegan en pistola,
me digiero volviéndome cada vez más largo
y caigo una vez más en la cama de mi siempre,
caigo llorando en el pozo de álbumes de fotos.

Qué infinito que está el mundo hoy, viste,
qué rutina incansable y qué verdad
me recicla para escupirte versos
de música sin notas de mi ruido.

Y ahora hay tanto dos en el reloj incertidumbre
que me vuelvo a probar la piel cambiada anteayer.
Y de golpe es mejor sentirme cuerpo
y así abrigarme un poco de nosotros.

8.2.14

Qué de mesas, hoy,
qué de sólo yo,
qué de negro,
qué de noches.
Mi frente y yo nos atrapamos en insomnio
y decidimos levantarnos, calzarnos
estos cepos de ya me voy a olvidar.
No sabemos si escribir, no sabemos si volar
o si pararnos a ver
y cocinarnos la cena de mañana.
Mi frente en péndulo se escapó con mi historia,
se fue drogada y me dejó viendo sin saber.

14.11.13

Contratiempo

Yo y mis ojos nos miramos. Estábamos corriendo saltando como vallas las baldosas rotas, cuando de golpe nos miramos y tuve que pararme, así sin más. Fue casi obligatorio, la vida me golpeó en el medio de un paseo común, esa vida que nos lleva siempre mientras vamos, que nos arrastra mientras vemos. Me paré como a punto de desmayarme, los ojos se me pusieron negros un segundo y, en seguida, vieron de nuevo. Y es mentira que se me haya ocurrido un verso, una historia, que una ráfaga de inspiración me haya golpeado. No pasó nada, sólo sé que yo y mis ojos nos miramos, y que me quisieron decir algo así, en pocas palabras:

En estos tiempos modernos que corren,
busco el amor sin parar el reloj,
y sólo veo vacíos subsuelos varios
de un mapa cada vez más recortado.

Esta gran frontera es un gran espejo
que ríe cuando reímos y llora
cuando creemos que no hay más allá,
cuando nos olvidamos del adentro.

¿Cuántas letras tiene nuestro alfabeto?
¿Cuántas cosas sentimos las personas?
En la cama, en el café, en cada cuerpo
salpicado de lágrimas y ganas,
amaso todo junto y como el pan
tratando de anotarle los sabores.

Como el Camino del Inca o esta calle
que trazo con esclavos que se besan,
así quiero sumarnos otra meca
ahí, bien en el fondo del camino,
donde yo soy vos y vos sos nosotros.

Quiero ser el maestro mayor de obras,
un ingeniero de esta obra faraónica,
hasta que sucios ya de tanto uno
nos levantemos para vernos ser
sensual crealina mezcla de nosotros.
Así, hasta que casi arrastrándonos,
de tanto hablar el mundo se enamore
y zigzagueando esta lengua me envuelva.


Estaba tan en otra, que en ese segundo me crucé a todos mis amigos por casualidad. Me gritaban “¡Marco!” y yo ni me daba cuenta. Ahora sólo me mira un chico de unos tres o cuatro años, que en seguida vuelve a seguir jugando a saltar las baldosas, tratando de pisarlas sin tocar esa línea más fina o más gruesa que siempre las separa.

23.9.13

Mutuos homenajes (Álvaro Mutis - Fabrizio De André)



Desmedida Plegaria

Sobre los naufragios,
desde el mirador de las torres,
lejana y
sobre los elementos
     del desastre,/
de las cosas que suceden
por encima de las palabras, 
celebrantes de la nada,
en un viento tan fácil
de saciedad, de impunidad.

Bajo el escándalo metálico
de armas prontas o en desuso, conduciendo la columna
de dolor y de humareda
que deja las batallas infinitas
al caer de la tarde,
la mayoría está,
la mayoría está

recitando un rosario
de mezquinas ambiciones,
de temores milenarios,
de inagotables astucias, cultivando tranquila
la horrible variedad
de su propia soberbia,
la mayoría está,
como una enfermedad,
como un infortunio,
como un anestésico,
como una costumbre.

Para quien viaja con obstinada y contraria dirección,
con su estigma especial
de especial desesperanza,
y entre vómitos de rechazados
sus últimos pasos va dando
para entregarle a la muerte
una gota de esplendor,
de humanidad, de verdad,

por quien en Aqaba
      curó la lepra/
con un cetro ficticio
y sembró su travesía
de celos devastadores
      y de hijos/
con improbables nombres
de cantantes de tango
en un vasto programa de eternidad,

recuerda Señor
a estos siervos desobedientes
a las leyes de la manada,
no olvides sus rostros,
que al cabo de tanta errancia
es apenas justo que la
    fortuna los toque/
como un descuido,
como una anomalía,
como una distracción,
como un deber.

(traducción de Álvaro Mutis)
Smisurata Preghiera

Alta sui naufragi,
dai belvedere delle torri,
china e distante
sugli elementi del disastro,

dalle cose che accadono
al disopra delle parole,
celebrative del nulla,
lungo un facile vento
di sazietà, di impunità.

Sullo scandalo metallico
di armi in uso e in disuso,
a guidare la colonna
di dolore e di fumo
che lascia le infinite battaglie
al calar della sera,
la maggioranza sta,
la maggioranza sta

recitando un rosario
di ambizioni meschine,
di millenarie paure,
di inesauribili astuzie,
coltivando tranquilla
l'orribile varietà
delle proprie superbie,
la maggioranza sta,
come una malattia
come una sfortuna,
come un'anestesia,
come un'abitudine.

Per chi viaggia in direzione
ostinata e contraria,
col suo marchio speciale
di speciale disperazione
e tra il vomito dei respinti
muove gli ultimi passi
per consegnare alla morte
una goccia di splendore,
di umanità, di verità,

per chi ad Aqaba
     curò la lebbra/
con uno scettro posticcio
e seminò il suo passaggio
di gelosie devastatrici
     e di figli/
con improbabili nomi
di cantanti di tango
in un vasto programma di eternità,

ricorda Signore
questi servi disobbedienti
alle leggi del branco,
non dimenticare il loro volto,
che dopo tanto sbandare
è appena giusto che la
    fortuna li aiuti/
come una svista,
come un'anomalia,
come una distrazione,
come un dovere.

Fabrizio De André