15.12.10

Recreo

_Y el agua va de acá para allá

con sus caracoles de plástico,

en sus paredes de plástico.

Se revuelve y

cae hasta calmarse y de nuevo ser

agua,

la misma agua de siempre.

¡Y no se aburre!

A la hora de ordenar mi último desorden, saco viejas cajas, las subo, las bajo, las abro: adentro lo mismo que mañana y que ayer, pedacitos de tiempo que nunca son hoy. Es en este pelotero de años que veo de nuevo a mi bola de cristal. Si sólo ahora me da pena, es porque el resto del tiempo la olvido y se queda ahí, en su caja que sólo sirve para ser ordenada, a la espera de moverse un poco, cada tanto. Ya sé. No sirve mirar el agua que duerme por años en un souvenir de plástico, pero sin embargo, será por amor, será por melancolía, siento que yo sí le sirvo. Le sirvo para vivir. Yo estoy acá afuera, nací acá afuera, estudié y hasta dicen que me enamoré de alguien, acá afuera. Desde eso hasta mis arrugas, veo cada tanto a mi bolita y a su agua, y me pregunto si no se aburre, y pienso en todos los viajes, los lugares, los pasos dados. Y ella siempre ahí, presa sin condena, moviéndose un ratito para después descansar años. ¿Por qué no se deprime? ¿Por qué no llora? Y yo que me muevo siempre, yo que siempre lloro, a veces parece que acá afuera me muevo sólo para buscar lágrimas, y sin embargo sigo, hago toda la vida lo que me gustó en un solo instante, sin volver a preguntarme por qué. Y ella no se queja, no sufre, no odia, no se aburre. Quizás me espera a mí. ¡Basta!

Es verdad que no sirve mirar el agua, ya sé. Ahora sólo veo un ojo que se refleja, pero no se confundan: es el mío. Mejor termino de guardar este lío y esto que escribo. Ya son las cuatro de la mañana y mañana tengo que trabajar.

Negro. Tiempo.

Doscientos años.

Juntos nos hacemos, agua,

hoja, letras. Sin plástico

y sin papel van a correr,

vamos a divertirnos,

a inundar el afuera

de agua dulce

y a correr

a correr

a correr

¡sin aburrirnos!