24.5.12

Goteras


  Él. Por hoy no tiene nombre, pero no lo sabe. Para él es hoy una noche importante, de esas noches en las que se propone salir a tomar algo, no hasta muy tarde, y acepta. Y aunque no sale, no se toma un vasito de nada y ni siquiera se mueve de su silla y de su cuarto diminuto, se siente igual más acompañado que nunca. Seguro elige hacerlo justo hoy porque es día de lluvia, poca pero larga, y alguien le dice siempre que esa lluvia es buena para estar con uno, como atrapado en compañía.
Es en el segundo cajón donde encuentra los restos de otra noche igual, son los pedazos de las charlas que quedan escritas con una inspiración sincera, con esas ganas de vomitar llorando que muy pocas veces son ganas. Y las lee. E instantáneamente siente que la magia es un secreto que todos tienen y nadie dice, es un confidente, un chiste que no se explica, un no se qué. El día que sepa explicar lo que siente hoy, lo va a hacer.


  Hay días en los que seco esta vereda,
días como de hoy o de ayer, como siempre
días de café amargo, excusas de vida
que persigo en este tiempo estancado.

Y en esta calle toda pisoteada,
calle más calle que nunca, me acuerdo
de las muletas que pierdo,
de mis pasos tan espásticos,
de mi dardo en la pared
de la tercera no vencida.

Acá en mi rincón de tiempo empapado
río llorando la tristeza que dura
y dura y
ya no golpeo la pared cada noche,
y tampoco doy vueltas en la cama
mojado por las gotas extranjeras
de un par de días que nunca
fueron hoy. Ahora,
con la esquizofrenia de mis ganas
veo un profeta mudo,
un sabio distraído que sale sin paraguas
y se moja,
maestro de muchos nombres, genial
titiritero de mi función obvia-
mente granizada de sonrisas y
de dolores dejados en remojo.

La verdad que todavía hoy no sabemos
de donde viene toda esta agua.
Pero cómo moja.