13.9.10

Almirante

_Quiero mojarme y saltar

en la tenue llovizna, y aprovechar

los instantes de calma, y así

evitar toda brusquedad. Tímido

sé lo que quiero, ningún plan

de ninguna vida, simple y enésimo

intento de felicidad. El galopar

de insistentes gotitas

me apura sin cesar y ansioso

aumenta el indeciso balanceo

hasta descubrir mi miedo, mi terror.

Pido tregua y mientras ruego

que no me haga caso, y que siga

y me acose

y abrume, más.

Ya los paraguas salvan a la ciudad

de nosotros, ya tormenta y piel,

agua y yo, uno sólo son. Paraguas

ya tapan la posible incredulidad

de seres que perdieron, olvidadizos,

sus diferencias en una simple distracción.

Estoy empapado, desnudo y sin vacío,

sin miedo, sin yo. Nosotros y nosotros

nos olvidamos de mí. Granizo y agua,

corriente que rompe y cambia

el terreno de la memoria. Por fin.

Navegando en paz, adicto

a este abrirme al misterio,

yo sacrifico mis ojos

al encandilarlos cuando miro

en cielo ya despejado, así nomás,

un fantástico eclipse, un fenómeno

que los paraguas siempre abiertos

no dejaron observar. Fulgor

y oscuridad.

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