14.11.13

Contratiempo

Yo y mis ojos nos miramos. Estábamos corriendo saltando como vallas las baldosas rotas, cuando de golpe nos miramos y tuve que pararme, así sin más. Fue casi obligatorio, la vida me golpeó en el medio de un paseo común, esa vida que nos lleva siempre mientras vamos, que nos arrastra mientras vemos. Me paré como a punto de desmayarme, los ojos se me pusieron negros un segundo y, en seguida, vieron de nuevo. Y es mentira que se me haya ocurrido un verso, una historia, que una ráfaga de inspiración me haya golpeado. No pasó nada, sólo sé que yo y mis ojos nos miramos, y que me quisieron decir algo así, en pocas palabras:

En estos tiempos modernos que corren,
busco el amor sin parar el reloj,
y sólo veo vacíos subsuelos varios
de un mapa cada vez más recortado.

Esta gran frontera es un gran espejo
que ríe cuando reímos y llora
cuando creemos que no hay más allá,
cuando nos olvidamos del adentro.

¿Cuántas letras tiene nuestro alfabeto?
¿Cuántas cosas sentimos las personas?
En la cama, en el café, en cada cuerpo
salpicado de lágrimas y ganas,
amaso todo junto y como el pan
tratando de anotarle los sabores.

Como el Camino del Inca o esta calle
que trazo con esclavos que se besan,
así quiero sumarnos otra meca
ahí, bien en el fondo del camino,
donde yo soy vos y vos sos nosotros.

Quiero ser el maestro mayor de obras,
un ingeniero de esta obra faraónica,
hasta que sucios ya de tanto uno
nos levantemos para vernos ser
sensual crealina mezcla de nosotros.
Así, hasta que casi arrastrándonos,
de tanto hablar el mundo se enamore
y zigzagueando esta lengua me envuelva.


Estaba tan en otra, que en ese segundo me crucé a todos mis amigos por casualidad. Me gritaban “¡Marco!” y yo ni me daba cuenta. Ahora sólo me mira un chico de unos tres o cuatro años, que en seguida vuelve a seguir jugando a saltar las baldosas, tratando de pisarlas sin tocar esa línea más fina o más gruesa que siempre las separa.

No hay comentarios: